11 enero 2010

Que suerte la mia...


Camino del trabajo a casa, 11 p.m, mucho frío. No han sido estos mis mejores días (ni los peores tampoco). Voy pensando en todo y en nada a la vez, desde que me desperté ando algo distraido.
Miro a la acera, y ahí esta, esperando por mi un billete de 50 euros. Primero pienso, no es de verdad, lo levanto, lo miro de un lado y otro, y si, son 50 y reales. Justo cuando me dispongo a caminar (ahí es cuando dejo de mirar el billete), veo a un hombre que con desespero viene hacia mi y me dice que el dinero le pertenece.
Fracciones de segundos, muchas interrogantes acuden a mi pensamiento ¿se lo devuelvo?¿se habrá dado cuenta que lo encontré y me esta timando con la historia de ser el propietario del billete?¿le responderé, señor perdone usted, pero no tiene forma de probar que este dinero es suyo y yo he sido quien lo encontró, así que me quedo con el?
Por tantas dudas que me invaden, por la distracción que me acompaña hoy, por el frió, y al final porque 50 euros no me harán mas rico ni mas pobre, sin emitir sonido alguno estiro la mano y se lo doy.
El señor me lo agradece, me da la espalda y se va, solo un rato después pude volver a pensar.

1 comentario:

  1. Hermoso relato. Me ha gustado tu forma de escribirlo y el resultado final.Éste, el final, no es más que tu personal manera de vivir, de sentir. ¿Sabes que lo verdaderamente importante no lo compra el dinero? ¿Sabes que el dinero siempre se puede reponer, volver a tener, que es algo que va y viene sin más. ¿Que las cosas de valorauténtico nunca podrás comprarlas? Intenta comprar el tiempo de un día, o pocos minutos, los que tarda en irse una vida. Creo que tú, amigo desconocido, eso ya lo sabes, lo sé por lo que dices, por cómo lodices.

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