21 julio 2010

Ir hacia cualquier lugar, es nuestra condena. Nos guiamos por espejismos que nos hacen ver la solución en parajes lejanos y desconocidos (da lo mismo cual sea el destino). Sin pensarlo salimos en busca de todo y dejamos casi siempre todo lo que teníamos.
Al comenzar el viaje partiremos nuestras vidas en dos. Y muchos obligados por la realidad a no volver, vivirán el resto de sus días con la esperanza de encontrar el camino de regreso a casa, y esta, ya nunca mas sera aquella, que una vez les abrió las puertas de ese camino.

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