19 enero 2011

Ciertas contradicciones al azar.

El silencio me desespera, y el ruido, me enloquece. Temo a la calma, pero odio las tormentas.
No soporto para nada la obsesión de algunos con el trabajo, pero detesto la vagancia.
Creo en la importancia de las leyes y el estado, pero no me gusta el sistema. Me encanta la rebeldía, me gusta llevar la contraria, pero no comulgo con la anarquía ni las acciones antisistema.
No quiero guerras, ni guerreros. Pero creo firmemente en el derecho a la auto defensa.
Ni reyes ni palacios. Ni amos y señores. Ni pobres, ni hambrunas. Aunque pienso que mas ha de tener quien tenga la facultad de generar mayor ganancia y producción. Y quien no haga por tener pues que no tenga (esta medida no es exacta, debemos garantizar ciertos mínimos para quien no tiene y sobre todo siempre dar la oportunidad) y quien aporte solo un poco, solo un poco va a tener.
Quiero ganar dinero pero no tener que cuidar de el. El metal que envilece, el sucio medio de cambio que nos condena a la codicia. Tan detestable y tan necesario.
Hay que tener muchisimas ambiciones pero ninguna avaricia.
Hay que amar sin querer poseer. Querer sin condiciones. Que no me pregunten, que no me cuestionen. Que solo esperen que de lo que tengo para dar. Pero también me gusta que me odien, que se mire hacia mi con envidia hacia algo que hago, ya que eso significa que algo puedo y se hacer.
Ser patriota sin ser un nacionalista ciego y demente. Querer nuestra historia, lengua, religión, raíces, pero conocer, aprender y respetar la de otros.
Que los mios sean los mejores pero los de otros también.
Quiero ser y no ser, tenerte y perderte, morir luego de vivir un poco mas que lo suficiente. Ser listo y ser tonto. Hacer grandes cosas, pero que estas en si sean sencillas.
Quiero tantas cosas que no quiero y así sigo queriendo muchas veces querer y otras no tener que querer.

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